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El día que me monté en una bicicleta, ese día fui feliz.


Y lo mejor de moverse por la ciudad en bicicleta, es que todos los días soy feliz.

Por muchas razones decidí cambiar y utilizar la cicla como medio de transporte. Estaba cansada de los tacos, de perder el tiempo corriendo detrás del transporte público para entrar en un bus atestado de gente.

Solía ver por la ventana del bus, admito que con un poco de envidia, a aquellos que iban por la ciclo vía, se veían tan felices,  manejaban su propio ritmo, su propio tiempo, se veían libres. Aunque quería ser como ellos, debo reconocer que esto me daba un poco miedo, mientras un millón de dudas y excusas pasaban por mi cabeza.

Para comenzar, vivo muy alejada de mi lugar de trabajo -10 kilómetros mal contados, puede que más, puede que menos-., me preguntaba cómo haría con los buses y los taxis, qué ruta cogería, qué ropa me tendría que poner, llegaría sudada tal vez cansada para comenzar una jornada laboral, además,  en mi casa no les gustaba la idea,  por vivir tan lejos y la falta de ciclorutas en la zona.

Hasta que un día me quite los miedos y me puse una pinta bien bonita para estrenar mi nueva adquisición, contra viento y marea ( y contra mi mama), compre una bicicleta plegable y por primera vez me iba a retar para ir a la oficina en bicicleta. No sabría decir que fue lo que me gusto más de aquel primer día, si el viento en mi cara cuando conquistaba una loma y me recompensaba una bajadita, la sensación de libertad, el pensamiento de saber que estás haciendo algo bueno por el medio ambiente y por tu cuerpo, el tener total control de mi tiempo, el apoyo de mis amigos ciclistas que encontraba por la ruta; todo fue  una suma de sentimientos y emociones que resultaron en una sonrisa de oreja a oreja que no me puede quitar ni la amenaza de lluvia.

Ya llevo casi un año siendo ciclista urbana y ya nadie me baja de mi “cochiza”, poco a poco los miedos fueron disminuyendo y los problemas cada vez menores. ¿Qué la seguridad? Llevo casco y luces. ¿Qué llego sudada? Llevo mi propio ritmo, no tengo porque acelerarme ¿Qué donde llevo las cosas? Compre una maleta más grande. ¿Qué estoy muy cansada para volver a casa en cicla? Esta es la mejor parte, plego mi bicicleta y me voy en transporte público.

Ya no hay nada que me detenga ¿y la sonrisa? Nadie me la quita.

Gracias a Cindy Piedrahita y a todas aquellas mujeres que nos inspiran a seguir pedaleando.

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